13/7/18


Ser y no ser,
pensar y no pensar.
Tener las piernas como rollos y mirarlos desde arriba,
intentando creerse que eso que está abajo no es de uno.
Estar.
Tener opiniones, o no tenerlas.
Hablar con uno mismo en la ducha, o en las tardes calladas de domingo.
Ser, estar.
Pasearse por la habitación soltando pequeñas frases inconexas,
como si eso fuese a calmar la pena que producen las acciones propias en retrospectiva.
Sollozar, rascarse, dormir, respirar.
Reírse de uno mismo y de su falta de memoria,
de la cara que debió haber puesto cuando pasó “TODO” eso.
Planear venganzas detalladamente.
Repasar libretos mentales de lo que diría, de lo que debió haber dicho,
de lo que sucedería si me encontrase con.
"Fracasar" con todo el ímpetu del mundo
y después encerrarse un mes, dos, tres…
saliendo solo para beber o comer,
o para dañarle la fiesta a alguien tan solo con la incomoda presencia.
Creerse capaz de eso, saberse capaz de
eso, y aún así ser nadie, ser nada,
y bailar en toalla saliendo de la ducha.
Vestirse sin cerrar las persianas, no por exhibicionismo, no por vanidad:
por pura y mundana pereza.
Quedarse despierto y no escribir una sola palabra más allá de estas palabras.
Existir. 
Vivir, así no más: sin glamour. Sin tanto brillo.

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