30/1/18

Tal vez somos personas horribles, a veces, muy por dentro. 
Tal vez nos alegramos con la desdicha ajena, y nos acostamos a dormir sintiendo odio y envidia, y deseando que alguien muera.
Puede que estemos podridos por dentro y que no tengamos una sola gota de bondad en nuestras cabezas, y que todo eso de la “humanidad” sea un invento falaz para felicitarnos por algo que no nos pertenece.
Tal vez los más sinceros sean aquellos que asumen su maldad, su carácter ofensivo, su ser átono; aquellos que encuentran sus acciones desligadas de toda responsabilidad sobre el sentimiento ajeno, y que exponen sus ideas a gritos, sin lugar a discusiones. Aquellos tercos, aquellos violentos, llenos de motivos personales, individuales. Aquellos a los que no les importa, que se sientan en un trono hecho de lágrimas ajenas y piedades desechas.
Y ¿qué tal si en lugar de afectos lo que nos llena es ver vidas maltrechas bajo nuestra ansia de poder, nuestra incorregible megalomanía? ¿Y si lo que nos hace especie es esa sed eterna de destrucción, esa falta de conmiseración, ese arrebato colérico? Entonces ¿no seríamos todos un poco más nosotros si lo gritaramos, si lo admitiéramos? 

9/11/17

La sonoridad de las palabras -pequeños artilugios, sustancia misma del lenguaje-, es algo que jamás dejará de embelesarme. O quién podría resistirse a la sutil delicia que encierra el insulto "...pléyade tan perfecta de mediocres...". Cosas como esa me hacen amar aquello de lo que tanto desconfío.

29/6/16

Estamos solos. Solos vinimos, solos nos vamos.
No hay nadie que tenga especial valor, pues todos somos la misma mierda: venimos de los mismos lugares y vamos a parar al mismo hoyo.
Todo cariño es una ilusión, todo sentimiento es pasajero, es vano, es vacío y nace desde la necesidad misma, que es la peor de las trampas.
La sinceridad es poca, si no nula, y afecta a muy pocos de los seres. Los demás viven sin miramiento alguno, tan solo por si mismos y en ello no hay rareza. 
Lo mejor sería dejar de lado todo sentimentalismo vano, poner fin a toda fraternidad, pues no conduce a ningún lado. Perder la fe lentamente, y darse cuenta de que la soledad es el único recurso.


2/6/16

Cuando el futuro no existe, el presente se vive rápido y sin miramientos. Los días pasan sin asco y sin fortuna como los autos por las avenidas: con las luces encendidas a tope y cortando el viento a raz con la carrocería. A contravía, esperando sin esperar para desacelerar de frente, finalmente, contra el muro de todo aquello que habrá quedado sin hacerse; para parar en seco contra los ladrillos blancos, grises, rojos de la pared porosa de la vida misma.