6/5/08

43

La madrugada de mi cumpleaños numero 43 abrí la puerta de la casa y mis demonios estaban allí de nuevo. Los encontré sentados frente a la chimenea apagada, tomando whisky.
Como eran viejos conocidos los salude a todos por sus nombres: “Señores, ¿como están?” les dije, y ellos me respondieron en coro. Empezamos la conversación como si nos fuésemos ajenos, porque habíamos pasado mucho tiempo alejados, pero con el paso de la noche nos fuimos reconociendo de nuevo y entonces volvimos a los viejos chistes, a las antiguas bromas.

Saqué los cigarrillos del bolsillo y nos los fuimos acabando mientras todos me hablaban de sus vidas. Sobre la mía no hubo necesidad de conversar, ellos ya lo sabían todo en detalle.
De vez en cuando había silencios y entonces yo jugaba a adivinar que viejos pecados los atormentaban, mientras sentía sus miradas frías todas sobre mí, sus manos ansiosas intentando sostener el vaso helado, hasta que alguno tosía y entonces retomábamos el hilo. No quisimos hablar del pasado, ¿para que? Ya sabíamos que habíamos sido buenos compañeros en otros tiempos, sabíamos que nunca nos habíamos faltado, que nunca nos habíamos abandonado. No había punto en desenterrar viejos cadáveres, antiguos resentimientos; así las cosas estaban bien. Ellos ahí y yo con ellos, como nunca debió haber dejado de ser.

Después de un rato, cuando los zapatos nos empezaron a fastidiar y varios ya se habían desabrochado las mancuernas de las camisas, me dio por decirles que me iba a dormir, pero que quedaban en su casa, que nada mas se fijaran en que no se fuera a salir el gato. Entonces me levante de la silla con la borrachera viva y el vaso todavía lleno, me acosté con la ropa puesta sobre la cama tendida y me fui dejando ir hasta que me dormí con el arrullo de sus voces espesas.

Me levantó una sed transatlántica como a eso de las dos de la tarde, fui a servirme agua para poder volver a acostarme un rato más: era domingo, llovía y no había ninguna razón para salirse de la cama. Llegando a la cocina me sorprendió una sensación extrañamente familiar: Ya no tenía miedo, ya no estaba solo, ellos estaban ahí conmigo. Habían venido para quedarse.

1 comentario:

Nicolas dijo...

43 es un numero bonito. Es un numero primo.

Tal vez el cumpleaños 43 sea uno bueno despues de todo. Los demonios que antes iban y volvian al baiben estan ahora para quedarse. Comodos. A gusto.

Tal vez no muchos puedan alardear de tal habilidad. Estar a gusto con los demonios es una tarea dificil de cumplir.

Espero que tus demonios y tu hayan tenido un buen cumpleaños ( lo siento por el par de dias de retardo).

ps. a mi me gusto esto. si soy tan geek... http://en.wikipedia.org/wiki/43_(number)